La curva de aprendizaje y la tecnología

Las curvas de aprendizaje representan un método que nos ayuda a demostrar la reducción de costes que se genera en un proceso de producción a medida que se incrementan las unidades fabricadas. Sus parientes más cercanas, las curvas de experiencia, son un concepto más genérico porque incluyen los costes fijos y tienen en cuenta todos los factores de producción. Las curvas de aprendizaje se suelen referir a reducciones del factor tiempo, a medida que se adquiere más destreza o habilidades en un proceso. Se trata de incorporar un importante y antiguo principio en la forma de hacer las cosas: cuantas más veces las hacemos, menos tiempo tardaremos.

En forma cuantitativa, se expresan como la reducción de tiempo que obtenemos al aumentar la producción acumulada. Para ello, utilizamos la siguiente fórmula:

Como podemos observar, estamos dividiendo el tiempo promedio (una media de todas las unidades) que tardamos en producir el doble de unidades entre el número de unidades producidas inicialmente. Dicho de otra forma, medimos el proceso de reducción de tiempos cada vez que duplicamos la producción. Lo normal es que el numerador sea menor que el denominador, ya que, como hemos comentado, cada vez somos más rápidos en el proceso, y esto hace que la tasa de aprendizaje sea menor que uno. Por otra parte, cuanto menor sea esta tasa, más eficientes seremos, porque mayor es ese ahorro de tiempo que estamos implementando en el proceso.

Por otra parte, este ahorro de tiempo consigue que seamos más productivos. Recordamos que la productividad es un ratio en el que dividimos los resultados obtenidos (outputs), entre los recursos utilizados (inputs). Si nos referimos al factor tiempo, estará en el denominador, y al ser cada vez menor, respecto a la producción obtenida, la productividad irá aumentando.

Este concepto de curva de aprendizaje tuvo su origen en los estudios de un ingeniero de la empresa de aviones Lockheed, allá por el año 1.936, llamado Wright. Este ingeniero se dio cuenta de que el tiempo necesario para producir cada uno de los aviones, descendía a medida que se fabricaban más. Concretamente, el ritmo de descenso era de un 20%, ya que los costes medios de hacer cada uno de los cuatro primeros, eran de 1.000.000$/unidad, pero después de fabricar ocho aviones, el coste medio de cada uno era de 800.000$/unidad, 640.000$/unidad cuando se hacían 16, y así sucesivamente.

Estos números, representados de forma gráfica, nos darían como resultado una curva, por eso la función es de tipo logarítmico, y por este motivo también podríamos observar que nunca llegaremos a alcanzar una reducción del tiempo del 100%, es decir, la curva nunca llegará a tocar el eje de abscisas, ya que lógicamente la perfección total no existe, y además existen otra serie de factores externos que pueden actuar en sentido contrario, es decir, retrasando los tiempos de producción: olvidos, imprevistos, cansancio, etc, etc.

No obstante, todos sabemos que la revolución tecnológica actual está consiguiendo que esas curvas de aprendizaje, en muchos procesos, sean cada vez menores, ya que las máquinas ayudan a producir muchas más cantidades de producto en un menor tiempo, y ello abre nuevos interrogantes o cuestiones que nos deberíamos plantear: ¿en cuanto se han reducido las curvas de aprendizaje gracias a la tecnología? ¿en qué procesos hemos mejorado en los últimos años? ¿podremos aplicar estos avances en otras tareas, por ejemplo, en tareas mentales? Pensar mejor, más rápido, memorizar más cosas, reducir los tiempos no solo de fabricación de los automóviles, sino también de la forma de desplazarnos, etc.

No podemos olvidar que todos estos conceptos tienen relaciones: aprendizaje, proceso, eficiencia, productividad, factores, tecnología….y la combinación de todos ellos va configurando la sociedad del futuro.

Miguel Ángel Hernández Martín:
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